El buen juez por su casa empieza

Debo comenzar por enfatizar que de ninguna manera busco desanimar a que se ayude. Todo lo contrario: creo firmemente que – en toda circunstancia – la ayuda generosa engrandece a los seres humanos y a los pueblos.

Ahora bien, dice también la sabiduría popular que nunca debe tomarse una decisión con el estómago vacío. Casi la mitad de nuestra población carece de un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de alimentación, salud, vivienda, vestido y transporte. Según la más reciente Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares del INEGI, 50.6 millones de mexicanos son pobres de patrimonio y de propiedades. En otras palabras: el México actual decide con el estómago medio vacío.

Mucho se ha elogiado el fabuloso impacto de las redes sociales para difundir e informar a velocidades inéditas. Así, tenemos miles de mexicanos siguiendo de cerca a Wyclef Jean (http://twitter.com/Wyclef), un músico haitiano que a partir de la tragedia ha recobrado notoriedad al abogar en internet por su país y utilizar el reflector a su favor para pedir donaciones a la comunidad internacional. Estos mexicanos han demostrado una solidaridad apabullante para ayudar a Haití hasta el punto en que la sabia y popular frase “Farol de la calle, obscuridad de su casa” queda como anillo al dedo.

No es que no lamentemos profundamente el dolor y el sufrimiento en Haití. No es que no sintamos el golpe de un terremoto en tierras haitianas como si hubiera ocurrido en las nuestras. La lógica de la ayuda debería empezar por nosotros mismos. Hay que alimentar primero a nuestros propios hijos, pues sólo así resulta natural compartir con los demás. La capacidad de ayudar bien nace a partir de una abundancia definitivamente no evidente en México pero sí vivida por los países colonizadores europeos que de alguna manera, tienen una deuda histórica moral para con los países que saquearon en su momento.

Es obvio que México necesita ayuda. Pero claro, la tragedia de Haití es hoy.

¿Tienen entonces las crisis de hoy en otros países prioridad sobre las que llevan ocurriendo décadas en los nuestros?

Sin duda, es maravilloso e inspirador ver cómo tantos mexicanos echan la mano – de corazón – a los haitianos. Por otro lado, es vergonzoso y lamentable saber que en estados tan pobres (y cercanos) como Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Guanajuato o Michoacán (por mencionar algunos) no hay un Wyclef en Twitter pidiendo donaciones y ayuda, porque nuestras tragedias son tan persistentes que han dejado de ser noticia para convertirse en cotidianeidad desde hace décadas.

Por experiencia propia, los mexicanos sabemos que la reconstrucción de Haití tomará, a su vez, décadas. Así que ya que estamos tan solidarios, sólo resta desear que, cuando Wyclef deje de pedir ayuda para promocionar su nuevo disco, todas esas almas caritativas y generosas no se olviden de ayudar a Haití así como se han olvidado de ayudar a su propio país.

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