El averno de la “izquierda”.

Tengo la mala fortuna de contar con un gran y peculiar personaje a un costado de mi casa: un vecino. Éste misántropo caricaturesco, de ese tipo de personas que van por la vida odiando a la sociedad y acumulando un gran rencor por todo lo establecido, tiene la peculiaridad de vagar en el ocio e imaginar en primera instancia todo tipo de ocurrencias perjudiciales para los demás. La última de ellas, violentar con una singular construcción varios artículos constitucionales por su malsano juicio mental y, grotescamente, creer que tiene la razón.

Ese payaso, sometido a las peores armas –la cerrazón mental y la ignorancia- tiene mucho en común con varios de los actuales políticos que mandan al diablo a las instituciones: son parte de los mártires “legítimos”. Él, al igual que el mal chiste de Juanito y que la verborrea brabucona de otro simiesco personaje, el diputado federal Gerardo Fernández Noroña, representan la más férrea oposición sin solución a cualquier tema y forman parte de esa desastrosa carroña de folklóricos personajes que alimentan una virtual quimera.

Todos ellos son un peligro para la sociedad, un desacato a la razón y un grave insulto al arte de hacer política. Incapaces de dialogar, sometidos a un concienzudo juicio abyecto, resuelven en aglomerar sus opiniones como únicas, justas e indivisibles; fuera de ellas, todo es espurio, grotesco, insípido e incorrecto, haciendo de la libertad un juego unilateral sin posibilidades.

Lo que más puede entristecer de esos rupestres personajes es la imputación que se hacen como guardianes de la izquierda, como mesías en el estropicio de nuestra época. Ensucian la buena percepción de los muchos políticos que conforman parte de esa corriente de pensamiento, haciéndolos igualmente participes de su carnaval privado.

Los buenos políticos de izquierdas, aquellos legítimos identificados en esa cosmovisión, que hacen valer y respetar su pensamiento en base del debate, no deberían ocupar los lugares tan repudiados en las encuestas que los anteriores se han ganado a pulso. La izquierda no puede ser identificada por las andanzas de parásitos sin ocupación.

Ojalá que en algún momento los buenos y mesurados políticos de esa izquierda, logren reinventar la inocuidad que sus antecesores construyeron, como Juanito, Noroña y demás acompañantes, para el buen convivir de la política y la sociedad.

Sobre el Autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en la misma como Auxiliar del Departamento de Política y Sociedad; Consejero Propietario, Representante General del Alumnado, Secretario de Cultura y Sub Coordinador Zona Ciénega de la Federación de Estudiantes Universitarios. Ha sido miembro del Consejo Editorial del Centro Universitario de la Ciénega, Jefe de Edición del Periódico Estudiantil Voces e integrante del Consejo General de la FEU. Actualmente es articulista de varias Revistas y Periódicos, miembro del Despacho Asesoría Legal y Técnica y Coordinador del Instituto Ocotlense de la Juventud, contando con un libro de poesía publicado.

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