Estos días han sido sumamente interesantes para analizar el fenómenos de la violencia, el Día internacional de la No violencia contra las mujeres, es un ejemplo de ello, y es que la erradicación de la violencia contra las mujeres, es asunto que nos compete a todos sin importar nuestro género, edad o posición socio-económica.
En 2008, 5.066.549 de mujeres firmaron la campaña de la ONU “di no a la violencia contra las mujeres”, quienes firmaron son influyentes mujeres en el ámbito político y social que no les apena dar la cara por una causa que no es exclusiva de las mujeres, es de todos, una campaña exitosa si vemos que la meta era de apenas un millón. Y es que hay que aprovechar el impulso actual para poner en práctica leyes y políticas.
Pese a que muchos gobiernos han aprobado leyes en ese sentido, todavía existe una brecha enorme para su puesta en práctica. Es verdad, no importa cuantas leyes se aprueben si no son puestas en práctica, si no cambiamos de fondo el hecho de vivir y promover la cultura de la violencia.
Una de cada tres mujeres es golpeada, obligada a practicar el sexo o abusada a lo largo de su vida, además de que una de cada cinco es víctima de una violación o de su intento, según datos de la ONU. Para evidencia los hechos, no necesitamos ya cifras e informes de las instituciones encargadas al respecto, necesitamos resultados concretos y plausibles alejados de los discursos que hemos oído una y otra vez. El INEGI afirma que el 65% de las mujeres son agredidas por sus parejas. ¿De qué nos sirve tanto dinero público invertido en campañas infructuosas si nuestros niveles de violencia son más altos que muchos otros países del mundo?
Hay que hacer más para aplicar las leyes y luchar contra la impunidad. Tenemos que combatir actitudes y comportamientos que perdonan, excusan, toleran o ignoran la violencia contra las mujeres, y hay que hacerlo aumentando los fondos de los servicios en favor de quienes día a día la padecen.
Todos los días compruebo que hemos llegado a pensar que la violencia es normal: las caricaturas la enseñan, los noticieros la analizan, nuestro vecinos la practican, las iglesias la predican. Y en esta normalidad creada, hay a quienes les parece irrelevante que se recuerden estas fechas. Porque en esta misma dinámica gritamos, mentamos madres, “debatimos” sin escuchar y demás joyas de la violencia.
Muy bien que las autoridades celebren las cifras, muy bien que hagan informes de lo pasado, pero hoy, lo que se requiere son informes del porvenir, convocatorias realmente plurales e incluyentes, un cambio de cultura y no una política sin alma.