La noticia de los 15 ejecutados en Cd. Juárez, me impactó sobremanera, aún cuando todos los días recibimos noticias de ejecuciones, muerte o guerra; ésta la recibí tras jugar a resolver el mundo en la ANCA.
Otro muerto, qué más da.
Una noticia así nos sitúa de nuevo en la realidad, un estado de guerra. Un Presidente que lamenta el disparo a un futbolista (seguramente sus asesores le dijeron lo “políticamente rentable” del asunto), pero un Estado incapaz de garantizar la seguridad de sus gobernados.
José Merino nos recuerda que sí, existe una reforma penal pendiente; en el papel, se transformó la ingeniería institucional del Poder Judicial, pasó de ser inquisitivo para convertirse en acusatorio… puro papel. Lo mismo me parece puede suceder con la llamada reforma política, se discuten beneficios y carencias de las propuestas, sus vicios y virtudes; se simulan escenarios, se predicen consecuencias, se imagina un Estado funcionando diferente, mejor.
Sin embargo la ausencia de la aplicación de la ley por parte de las autoridades (imposible en un sistema jurídico con tantas leyes, códigos, sub-códigos, federales, generales, orgánicas, reglamentos, circulares… que nadie respeta) y la ausencia de un mecanismo de rendición de cuentas frenan al país mucho más que la posibilidad de un cambio de chasis.
Reformas, reformitas o reformones no importan si el grado de impunidad es el mismo. En este país ninguna autoridad paga por nada; 45 niños muertos, 15 ejecutados, juanitos y juanitas, reforma penal en el ovido, acuerdos internacionales de espalda a la ciudadanía etc. Nadie paga o se hace responsable por nada, deudores.
Frustración, “Cabañas pide sopa” ¿y?. Deudores por doquier y nosostros pésimos cobradores (sin mecanismos) y aboneros. El desencanto, viva México.