Demasiado optimismo.

Las quinielas económicas inician. Calderón y compañía dan por sentada el fin de la recesión y, con demasiado optimismo, ven en un telescopio la luz al final del túnel después de las amargas consecuencias de la crisis económica.

Itinerantemente, los escépticos –como yo- sonríen pícaramente y suman a la lista de mentirillas piadosas de Felipe una más y un rubro significante después de jugar los tantos papeles del Jefe del Ejecutivo durante su mandato.

Lo que se puede dar como un hecho, después de ser anunciada con bombo y platillo el fin de la recesión, es el manifiesto crecimiento económico –bajo, en realidad, pero importante- y la generación de empleos en el tercer trimestre del año. Indicadores que, de repetirse continuamente en los tres siguientes trimestres, podrá darse por sentado que la crisis ha finalizado y la recuperación de la economía va viento en popa.

Los héroes de la épica historia del estropicio económico mexicano saldrán pronto y entre todos ellos, los mesías de la moneda, captarán los reflectores como los teóricos indiscutibles de la salvación; cuando, en realidad, los esfuerzos mexicanos, casi insignificantes, no pueden compararse ante la maquinaria de los Estados Unidos: principales y cuasi únicos empoderados en la solución de la crisis económica internacional, llevando en inercia a México en el inicio de su crecimiento.

El futuro del panorama no es tan alentador. Creciendo económicamente, sí, ¿pero a que ritmo y en que condiciones?. Seguiremos en los indicadores como el país con menor crecimiento económico en el continente, por debajo de los más pobres. Peor aún, nadie está confirmando dicho crecimiento a no más de tres meses, confiando en que la planeación norteamericana reproduzca constantemente lo mismo en los próximos meses.

La mediocridad de nuestra economía no es un problema nuevo, sino un lastre arrastrado desde 1995 y agudizado desde el 2000 hasta nuestros días con tímidas y pueriles soluciones sin solución. Con crecimientos absurdos y promesas de desarrollo que jamás han de llegar.

¿Es demasiado el optimismo que Calderón demuestra?. Definitivamente sí. No encuentro el sentido de su fiesta particular cuando no hay nada que festejar y mucho trabajo por hacer. Pero, a final de cuentas, una mentirita más, para hacer sentir al país que vamos bien ¿qué importa?.

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