
Ya salió el INEGI a decirnos cómo ha evolucionado el desempleo en lo que va del año. Las cifras son alarmantes: de junio de 2008 al mismo mes de 2009, la cifra de Población Desocupada (PD) pasó de 3.55% a 5.17% de la Población Económicamente Activa (PEA). Esto quiere decir que de cada 100 mexicanos que tienen o buscan trabajo (que son precisamente quienes conforman la llamada PEA), más de cinco están desempleados. La realidad del desempleo forzado la viven 2 millones 350 mil mexicanos, con rostros, sufrimientos, sueños y preocupaciones. Ellos, aun con la frustración que seguramente cargan, todavía no se cansan de buscar una plaza laboral. No obstante, hay otros 6 millones 500 mil mexicanos que ya no buscan chamba por “considerar que no tienen posibilidades” de encontrarla. Puede ser que estemos sentados en una olla exprés sin siquiera alertarlo.
¿Es mucho 5.17% de desempleo? Si tomamos como referente que el de Estados Unidos es del doble y el de España casi del triple, no suena tan grande la cifra nacional. En México -a diferencia de los países del primer mundo que aún conservan retazos del Estado de bienestar- no hay seguro de desempleo, lo cual provoca que muchos de quienes quedan desempleados tengan que mantener bajas sus expectativas laborales y tomar la primera oportunidad de chamba que aparezca. Además, las bajas tasas de ahorro de la mayoría de los trabajadores mexicanos redunda en que sean muy pocos quienes cuenten con dinero apartado para momentos turbulentos. Si a ello sumamos la enorme cantidad de gente que se emplea en el sector informal, tenemos ya bases para explicar por qué nuestro País tiene tan bajo porcentaje de desempleo. Evidentemente, la cifra no es motivo de orgullo.
Como es lógico, la premura que experimentan la mayoría de los mexicanos para encontrar empleo una vez que fueron despedidos, se relaciona con otro tema importante: la precariedad laboral. A pesar de la severa crisis, el empleo que se ha perdido no es tan elevado. ¿No será que muchos mexicanos están siendo contratados por menos horas a la semana o que se les está retirando del Seguro Social?, ¿o acaso no estará aumentando la subocupación y con ella la cantidad de mexicanos que se ven orillados a tener más de una plaza laboral? Todas éstas son hipótesis al aire pero por las condiciones estructurales de México no es nada improbable que hagan honor a la realidad.
Mención aparte merecen los 6 millones 500 mil conciudanos que ya ni siquiera salen a buscar trabajo. Muchos de ellos prefieren disminuir su calidad de vida en lugar de vivir la frustración de buscar infructíferamente empleo, otros tantos seguramente sobrevivirán gracias a algún familiar y algunos otros puede ser que estén laborando en actividades tales que no les haya parecido lo más adecuado comentárselas al INEGI. Otro importante factor gracias al cual no ha escalado tan violentamente la cifra de desempleo es precisamente éste: la inmensa cantidad de mexicanos que no buscan ocuparse y que, por ende, ni siquiera cuentan como desempleados.
La generación de empleos, una de las grandes promesas calderonistas, ha sido un total fracaso en los últimos meses. Claro está que parte de este fracaso tiene que ver con situaciones de carácter internacional que resultan incontrolables para el Gobierno de México. Sin embargo, otra gran parte de la responsabilidad recae en la política económica neoliberal que han seguido las Administraciones federales desde De La Madrid hasta Calderón: no crear productores talentosos e innovadores, sino mano de obra barata y masificada; no impulsar a los emprendedores que están iniciando con ideas nuevas, sino a los mismos negocios de siempre; no apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas, sino a los inversores extranjeros y a los monopolistas nacionales; no apoyar sectores clave para el desarrollo nacional -agricultura, construcción, industria extractiva-, sino a empresas de alta tecnología que dan poco empleo y de precaria calidad. Es claro que el esquema no ha funcionado. Repito: es posible que estemos sentados sobre una olla exprés sin siquiera alertarlo.
Buen artículo. No había caído en la cuenta que en México no conviene la existencia de un seguro al desempleo, ya que a las oligarquías les conviene que la mano de obra esté lo mas subvaluada posible y que, por consiguiente, los salarios se coticen lo mas bajo que se pueda. Es decir, y a contrario sensu, existiendo un seguro de desempleo, automáticamente la mano de obra se cotizaría al alza, ya que planta laboral se tornaría mas selectiva en cuanto a la oferta de trabajo por lo que los patrones se verían obligados a ofrecer empleos con un mejor salario a fin de que se le ocupen sus plazas a largo plazo.