Debate 132

No hay duda (y conste no me gusta ser totalizante y usar estas expresiones) que el #debate132 fue el mejor momento de la campaña, un momento histórico. No por interesante, revelador, masivo o cualquiera de los cuentos que se inventan para calificar movimientos o personas. No, no fue nada de eso.

México es un sistema para inhibir la participación ciudadana, lo he vivido: los políticos, medios y reglas estás diseñados para integrarte al sistema, jerarquizarte, sentarte en la mesa del café y las galletas y no permitirte nada más. Desde la ciudadanía lo viví,  en un principio y luego como testigo, con el tema de la reforma política; desde el lado de pretender hacer una vida partidista es más claro: ni siquiera se puede militar en un partido o formar uno. En su versión más exitosa con ACTA, creo que se debió a que, entendedores del internet supimos comprender el proceso sin asumirnos en colectivos.

Este sistema es herencia del priismo, al fundarlo (el PNR), Plutarco Elías Calles pensaba en que ahí podían converger todos los actores públicos de México tras la revolución: ricos y pobres, campesinos e industriales, revolucionarios de norte y del sur, maestros y un largo etc. Un “todo” que no estaba “partido”. Ellos inventaron la política: cómo construir acuerdos, sentarse, dialogar, aniquilar a los opositores y absorber todo al sistema.

La oposición no ha tenido otra que seguir sus prácticas y cualquiera que no las siga, “no sabe hacer política”. Han pasado muchas décadas desde 1929 y el priismo no es un partido sino una forma de vida. El sistema está intacto.

Es épica la batalla de los 132, no importa si desaparecen mañana, es más, es irrelevante. Sobrevivieron a cuanta trampa política les pusieron: entrevistas en horario estelar, escisiones ficticias, ex miembros rijosos, discursos falaces (como que promovían el odio) y mucho, mucho ruido de todos lados. Seguramente están desgastados y sin embargo lograron sentar a tres candidatos presidenciales a debatir en sus términos y preguntas. Y fueron congruentes con su agenda de democratización de los medios: impusieron sus condiciones hasta al canal del congreso, internet el rey.

Los candidatos no dijeron nada que no supiéramos y sin embargo las preguntas fueron interesantes, por ejemplo, tener presentes a los indígenas y los acuerdos de San Andrés en un debate organizado por estudiantes “fresas y que no representan a México”; el tema de telecomunicaciones y democratización de los medios, fueron ellos y no los medios (que son buenos para meter ruido e interpretar estudiantes), quienes los hicieron posicionarse. Fuera de eso, nada nuevo.

Nadie había hecho algo similar a los estudiantes, y a pesar del sistema, lo lograron. Ponen el listón alto, pienso que inaugurarán una costumbre de llevar a debatir a los candidatos fuera de periodistas y espacios oficiales. Una lección para el IFE: nuestra democracia puede ser menos costosa (en dinero) y de mejor rendimiento.

Resulta injustificable y vergonzosa la ausencia de Enrique Peña Nieto, no faltará el ridículo que diga “¿tú irías a una fiesta donde te odian?” Y mi respuesta es “No”. Pero esto no es eso, EPN habla de inequidad y falta de neutralidad cuando ha sido la cobertura de algunos medios a su candidatura la que ha generado estas condiciones. Dice que respeta pero ese discurso contrario lo hacen no participar, una noticia: había reglas claras, aplicables a todos, moderadores distintos, formato de diálogo. Algo parecido a la democracia, presiento que Peña se imagina la vida democrática como Calles: que todos convivan, sí, todos, pero bajo mis condiciones.

Los estudiantes cambiaron la dinámica de la elección, la conversación, sus términos. Pasó de una elección anclada en la seguridad a una donde la lupa está en el papel de los medios y la calidad de la información que presentan. Los más “progres” aunque incómodos nos señalan “mira yo sí he cubierto todo y les he dado voz”, los otros menos “progres” e igual de incómodos los ignoraron o descalificaron. No hay marcha atrás, después de esta elección -sin importar el resultado- no nos queda más que ser más críticos y exigentes con los medios y con nuestra democracia.

Vean el debate:

 

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