De la construcción de una agenda digital

El pasado 6 de Septiembre,  el Senado de la República a través de la Comisión de Ciencia y Tecnología convocó a una reunión con el fin de plantear la agenda digital para la transformación de México. Se contó con un grupo plural de ponentes, por cuestiones de encontrarme fuera de la Ciudad de México no pude participar en dicho foro sin embargo pude seguir la transmisión vía internet.

Hubo desde luego, como en todo foro maratónico, puntos muy importantes y otros que se pudieron haber ahorrado, replanteado o elaborado más a fondo. Viejos conocidos y expertos como Alejandro Pisanty, León Felipe Sánchez, Emilio Saldaña, Erick Huesca, pusieron los puntos sobre las íes en temas fundamentales como: la conectividad, el acceso, la políticas públicas etc. Otros como Jesús Robles, planteó los temas con perspectiva de derechos humanos.

En otras mesas participaron organizaciones, representantes de marcas, la industria organizada, en fin, nutrida participación. Desde mi óptica tres mesas o temas faltaron o se quedaron a medias, primero ampliar la agenda digital desde la perspectiva de derechos humanos, segundo, una mesa dedicada a medios de comunicación y periodismo digital y  tercero, una mesa de política: reglas, usos, olvido digital, democracia, transparencia etc. Desde luego creo que son fallas superables en próximas ediciones.

Estoy convencido que además del acceso, se debe implementar educación desde niños en áreas de programación, lenguajes y código abierto para incentivar la innovación a gran escala. Me imagino sobre todo, al municipio como base de los desarrolladores, por ejemplo que el sistema, desarrollo, aplicaciones de un ayuntamiento fuera desarrollado y mantenido por la comunidad (código abierto), de esa manera, independientemente de los cambios de partido y gobierno la ciudadanía contaría con información y un sistema funcional siempre.

Estas ideas eran parte de mi participación y prometo ampliarla de manera abundante en otros textos, pero hay algo que me preocupa un poco más y es que con las reglas políticas actuales, todos estos foros, terminan sin resultados concretos o muy magros. Y precisamente en el punto de las reglas es que convergen por un lado, la obvia necesidad de una amplia agenda digital y por el otro, una reforma política que cambie los incentivos de la clase política actual y empodere al ciudadano.

Todo lo publico es político, internet además de ser una infraestructura, es un lugar público, donde cada uno de los usuarios nos autoregulamos para hacer de este lugar público uno funcional, libre, neutral y democrático. Estas características han desafiado en distintas ocasiones al poder público del Estado y a los medios de comunicación tradicionales, así lo documenta Jeffrey S. Juris en “The new digital media and activist networking within anti-corporate globalization movements”.

En el ensayo, Juris relata cómo los movimientos anti globalización han usado las nuevas tecnologías para movilizar, organizarse e informar. También sobre cómo estos movimientos han puesto sobre la agenda pública temas que de otra manera no hubieran tenido espacio ni cobertura en el engranaje institucional tradicional.

La agenda política también es la digital

Pensar que se puede lograr cambios sustanciales en la agenda digital de México sin la aprobación de nuevas reglas en la política, me parece ingenuo, así también me lo parece atribuirle el 100% del fracaso o éxito de la agenda al Estado. Pero en términos reales, hacer los espacios públicos más abiertos y democráticos parece una buena idea (espacios públicos en “la vida real” y virtual, para aquellos que insisten en separar términos).

Toda agenda pública, es política. Y para empezar, una agenda digital requiere de un marco jurídico amplio que tendrá que pasar por el Congreso de la Unión. Y aquí comienzan los problemas, porque el legislador, por más buena voluntad que tenga para impulsar las reformas legales necesarias para crear un marco jurídico que haga funcionar la agenda digital, se topará con varios problemas, por ejemplo:

  • Puede suceder que el legislador de la buena voluntad, se tope con que el tema no es prioridad para su partido y decida éste no apoyar la iniciativa a pesar de tener amplio respaldo de la ciudadanía. Si este legislador quiere continuar su carrera política le saldría muy caro indisciplinarse a la postura de su partido. El sistema está diseñado para que el legislador responda al partido y no a los electores.
  • Este mismo legislador se podría encontrar con que su partido (pongamos el ejemplo que es el de mayor número de legisladores) tiene intereses con x o y empresas en el ramo que lejos abrir la agenda digital la monopolicen. Al no existir mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y regulación del cabildeo, difícilmente un ciudadano podrá hacer exigible su derecho a una sociedad digitalizada.
  • El buen legislador también se puede encontrar con que el próximo año es electoral y no sea prioridad de ninguna fuerza política el tema porque “no es rentable”, se vaya a la congeladora y se estanque dicha iniciativa.

Podría poner más y más ejemplos de las dificultades que tendría nuestro legislador con las reglas políticas actuales para impulsar la agenda digital. Ya no parecen temas tan ajenos, más bien fuertemente vinculados. Si queremos garantizar el acceso universal a internet, estamos suponiendo que para las próximas generaciones funcione como lo ha hecho para nosotros: un espacio público que se convierte en una plataforma para ejercer derechos sin cortapisas. Para que eso suceda debemos transformar el espacio público (político) del “mundo real” para que sea más abierto, transparente, democrático y donde todos tengamos la posibilidad de participar en la creación de políticas públicas.

En este tema me parece muy saludable unificar agendas. La “agenda digital” pretende no sólo abatir la brecha de acceso a las nuevas tecnologías ( que en el país- valga decirlo- la distribución es muy desigual) sino también la incidencia en todas las esferas de la vida de los mexicanos: desde la educación hasta la economía. Sin embargo mientras los incentivos de la clase política se mantengan igual (pues fueron diseñados en la era pre-digital) difícilmente se logrará avanzar más rápido de lo que se ha hecho hasta ahora.

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