Cristeros siglo XXI

Quizá no todos conocemos o recordamos el movimiento cristero en México. La original Constitución de 1917, era absolutamente dura en contra de la o las iglesias. Con el exacerbado espÃritu juarista, no reconoce la personalidad jurÃdica de las iglesias ni de los ministros de culto. Una vez terminada la revolución mexicana y sus conflictos posteriores, al institucionalizarce la revolución en la época de Plutarco ElÃas Calles, éste decide aplicar de manera contundente la ley, por lo tanto la iglesia, principalmente la católica, se ve desprotegida por la ley y despojada de sus bienes.
Personalmente, me emociona la idea de pensar qué hubiera pasado en México de haberse abolido cualquier religión e instaurar un auténtico Estado laico. Sin embargo, estoy seguro que en un paÃs convulsionado como era el nuestro, de no haber algún elemento de cohesión social, probablemente no existirÃa la nación que conocemos. Esta guerra, documentada entre 1926 y 1929, tuvo puntos de tensión extrema en el occidente de México, dado que los ciudadanos profesantes, al verse sin iglesia, forman una liga armada para defender el catolicismo. Cabe mencionar que las autoridades eclesiásticas querÃan negociar de manera distinta con el gobierno mexicano, pero los feligreses no dieron marca atrás. Muchas vidas se perdieron en esta lucha entre la liga y el ejército mexicano.
Tras la mediación del gobierno estadounidense y la presión ejercida para instaurar la libertad de culto, en 1929, siendo Emilio Portes Gil Presidente de la República, se anuncia que la iglesia serÃa respetada, pero no se reformarÃa la Constitución. Esta relación iglesia-estado sobrevivió hasta 1992, cuando Carlos Salinas de Gortari, al impulsar la entrada de México a la comunidad internacional, tuvo que ceder a las presiones del vaticano que vivÃa un segundo aire tras su papel en el fin de la guerra frÃa. Con ello, se modifican una serie de artÃculos constitucionales, que reconocen la libertad de culto y las determinaciones de sus ministros, dentro de su esfera competencial, a estos se les da el derecho a votar (antes de ello, ningún clérigo ejercÃa ese derecho) y les reconstituyen sus bienes.
Se inaugura una nueva etapa en las relaciones iglesia-estado, reanudamos relaciones diplomáticas con el vaticano, pero sobre todo en materia de derechos humanos; damos la libertad esencial del ciudadano a creer en lo que ellos quieran. Por ello nuestra generación ya no conoce de persecuciones por motivos religiosos en nuestro paÃs. Sin embargo hay focos rojos. El dÃa de ayer, en el estado de Hidalgo, en el municipio de Huejutla, en la comunidad de Los Parajes, 30 indÃgenas evangélicos fueron desterrados por la grey católica. Entraron a sus casa de manera ilegal, los sacaron y luego los corrieron del pueblo. Independientemente de las implicaciones penales de estos actos, también son sujetos de derecho internacional por la gravedad del asunto y el sin numero de tratados internacionales suscritos por México.
Sea cual sea la religión que profesemos o la ausencia de ésta, debemos reconocer el derecho que cada ser humano tiene de creer o no en lo que ellos quieran. El hecho que estemos convencidos de nuestras ideas respecto de dios, no quiere decir que los demás comulguen. Es vital que reconozcamos esta libertad y ese derecho que tenemos y no condenemos por ningún motivo las prácticas religiosas de nuestros vecinos o amigos, salvo que éstas estén vinculadas con delitos. Nietzsche decÃa: “La única diferencia entre dios y yo, es que yo existo”, quizá este autor suscribe esta frase más que aquella que reza “Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros” de San agustÃn, sin embargo respeto el derecho que cada uno tenemos de creer o no hacerlo. No permitamos que se repitan terribles episodios de la historia de nuestro paÃs.

