Consideraciones “democráticas”

Son tiempos electorales y conviene al ciudadano ser el actor más importante en la toma de decisiones. Ser el principal del teatro que se avecina y coincidir con las idiosincrasias de ciertos políticos o de ciertos partidos; hacer pues, valer el derecho y obligación de elegir y ser elegido.

Circunstancialmente, la gran mayoría de los Gobiernos no representan a los ciudadanos, a la población, a la sociedad. La política actual se asemeja a un episodio trianual donde todos los partidos, sin excepción, se congratulan de ser la esperanza, el desarrollo social, el cambio, el verdadero cambio y demás autoproclamaciones que elección tras elección denostan el nombre de la verdadera política.

Es por lo anterior que el mexicano ha dejado de creer en la política. El situacionalismo al que ha sido orillado le obliga a pensar que el Gobierno siguiente será como el anterior, o que el candidato a diputado es prácticamente lo mismo que el que vendrá, de los que vendrán.

La cultura democrática es entonces un mal chiste entre los mexicanos. La democracia es un juego estratégico que cada elección los partidos y actores políticos desarrollan como una vil legitimación de poder, y no como un plural y libre ejercicio de decisión al interior de la sociedad. No es raro entonces, que el carácter del mexicano sea tan pesimista y tan mediocre como su democracia; un simple espejo de su persona.

Cómicamente, la mayoría de los ciudadanos eleva su quejumbre a niveles pendencieros como pensando que así la situación cambiará, que la comunidad mejorará, que la corrupción terminará, que el Gobierno será diferente. Con la inmediata queja a los Gobiernos se cree ciegamente que se ayuda en demasía al cambio y el beneficio será inmejorable. Pero, considerando la dialéctica utilizada entre Gobierno – Gobernado, no hay exigencia de ninguna de las dos partes y sopesamos una virtual y desperezada relación, estribando al vicio y la holgazanería de ambos.

¿Quién en México podrá quejarse de la situación? Cuando en realidad, la inmensa mayoría de los mexicanos somos cómplices de un sistema que beneficia la mediocridad y compensa la maniobra sencilla para todo. Salvo aquel que pueda llamarse ciudadano y ejercer sus derechos y obligaciones, seguiremos continuamente bajo el imperio del despotismo y de la inseguridad que cae en la vaguedad de lo irrisorio.

¿Seremos democráticos al no votar, al alimentar el abstencionismo y ser parte del estropicio a la Nación? Si ningún político o partido reúne las características necesarias para conciliar el voto, porque ¿no se anula la boleta simplemente?. La abstención no es la solución, es carencia de inteligencia la relación formada entre ambas.


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