El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tiene una mágica e incomparable forma de hacerse de amigos y enemigos al por mayor. Su incomparable capacidad para la verborrea, una demagogia encomiable, de capacidades trascendentales y un discernimiento que, frenéticamente, es tan impulsivo y necesitado como actitud fisiológica, lo convierten en uno de esos personajes latinoamericanos llenos de folklor y carisma que solamente en ésta región del mundo se pueden dar.
Hace mucho que veo en Hugo Chávez al Vicente Fox de la izquierda latina. Un hombre simple, populacho, directo, inesperadamente sincero hasta llegar al insulto y, eficazmente, en muchas de las ocasiones, ridículo.
Chávez, caracterizado siempre por una directa y valerosa actividad socialista, tiende desvergonzadamente a desestabilizar la región con declaraciones, ciertamente absurdas y laxas, sobre ciertos temas que estriban en la paranoia y minimizan los esfuerzos de integración en el continente.
El rompimiento de las relaciones diplomáticas con su vecino, Colombia, anunciada casi al tiempo en que los diplomáticos colombianos acusaban a su Estado de participación con la guerrilla de las FARC, acompañado de D10S –Maradona-, y su “lágrima en el corazón”, contribuyen a un análisis simple acerca de la situación que rodea la nueva tensión entre ambos países sudamericanos: un nuevo juego político.
Álvaro Uribe, aún presidente de Colombia, con altos índices de popularidad en su país, de carácter fuerte y decidido, valiente y autoritario, merece una platea de honor entre los derechistas del continente que han obrado de manera inteligente ante los embates políticos y mediáticos que le han sucedido a lo largo de su mandato. Eficaz y diplomático, pero visceralmente similar a su homologo venezolano, es a unos días antes de salir del Palacio de Nariño, un vengador, una especie de ascua ardiente pretendiendo despedirse reivindicatoriamente en contra de Chávez en un acto que le ganará adeptos y enemigos en las aspiraciones presidenciales siguientes.
Uribe, fiel lacayo de los Estados Unidos, visto mucho como un traidor a la causa de la integración de Latinoamérica, debería sospechar de los alcances inmediatos de afrentas diplomáticas como la realizada en contra de Venezuela. Antes de salir, revolviendo un complicado escenario a su sucesor.
Chávez… ¿Qué más puede decirse o discernirse sobre Hugo? Eficazmente cayó en la trampa de Uribe y actuó, premeditadamente, como debería actuar. Salvo que en ésta ocasión, correcta y fundadamente ante las acusaciones de Colombia.
Esperemos que el sensato carácter del próximo presidente Colombiano mejoren la situación diplomática en la región, pues de Chávez y Uribe, desgraciadamente, no fructificará en nada.
