Senador Héctor Pérez Plazola:
Reciba un cordial saludo por parte de éste Jalisciense de nacimiento y estudiante en Derecho en la Universidad de Guadalajara. Paso a lo siguiente.
Tristemente, revisando la Orden de Sesión Ordinaria del día 14 de Diciembre de 2007 en el Senado, me di cuenta del proyecto de Decreto en el cual Usted busca Derogar tajantemente el Cuarto párrafo del Artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual consta de lo siguiente:
Artículo 130. El principio histórico de la separación del Estado y las iglesias orienta las normas contenidas en el presente artículo. Las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley.
(Cuarto Párrafo) d) En los términos de la ley reglamentaria, los ministros de cultos no podrán desempeñar cargos públicos. Como ciudadanos tendrán derecho a votar, pero no a ser votados. Quienes hubieren dejado de ser ministros de cultos con la anticipación y en la forma que establezca la ley, podrán ser votados.
La intención con la cual quiere Derogar tan alto postulado en la Constitución no logra captarse en mi entendimiento; el cual, constituido en la libertad de creencia y en el más amplio y estricto sentido histórico, ha sido formulado en la corta experiencia y en la base sólida de la conciencia. Pido a Usted, como representante del Estado de Jalisco, explique a bien el sentido oscuro de Derogar un principio que a base de sangre y lucha social nuestros ascendientes mexicanos lograron mediante la emancipación de los Dogmas Religiosos (todos) y la ignorancia impuesta por los mismos.
El conservadurismo aplicado por su Partido (PAN) mantiene la postura tirana de devolver a aquellos todos los fueron que perdieron históricamente en la Reforma impulsada por Juárez mediante el censo general de la población en su tiempo. ¿Cree Usted, Senador, que dándole el Derecho de ser elegidos a aquellos que mantuvieron –no sólo a México, sino al mundo- a millones de hombres bajo el yugo de la ignorancia, podrán acaso mejorar las políticas de Bienestar Social que persigue el Estado?, ¿cree, acaso, que volviendo al medioevo se podrán adquirir avances comunes que reconcilien la intolerancia a la que han impulsado de nuevo los representantes de su partido?. Creo profundamente que no. Sé que las reformas que Usted y su reaccionaria facción buscan iniciarán luchas sin cuartel retrasando a la Nación y obligando a la bipolaridad ya tan sangrada en nuestra Patria.
Le ruego Senador, que no apoye ni active iniciativas en contra del Pueblo Mexicano, que no reviva las Cruzadas ni mucho menos borre de su memoria los principios básicos e históricos que han regido a nuestro Estado en su modernidad. No podemos darle nada a aquellos que siempre nos lo han quitado, ni apoyar las oligarquías fraudulentas en iniciativas espurias como la suya. Mejoremos, evolucionemos, no nos estanquemos en las verdades pasadas que tanto daño le hicieron al hombre.
“Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Usted representa a mi Estado y no a una Religión. Usted representa a la Patria y a sus más altos fines. No segregue ni olvide la historia, pues el que no la conoce está condenado a repetirla, y yo, no quiero que mis intereses sean representados por alguien con la visión amputada a una sola verdad. México es de todos, no de unos cuantos Senador.
Me despido de Usted agradeciendo las atenciones brindadas.
Germán Sadday.