Camino que se bifurca

nulo.jpg

El país está en una encrucijada, hoy, el ciudadano está frente a un camino bifurcado. Por un lado, puede seguir viviendo como hasta ahora y dejar que las cosas sigan su curso, en el otro lado, se plantea arriesgarlo todo para generar grandes transformaciones en la República. Si escoge el primer camino, no pasará nada, probablemente seguirá en su trabajo (si lo tiene) seguirá ganando igual y le alcanzará menos; estará avalando a sus gobiernos y si es sujeto de asistencia social, aceptará los programas que éstos han dispuesto. Si escoge el segundo, deberá invertir tiempo y dinero, deberá olvidarse de lo aprendido y educarse de nuevo, probablemente acabe en un movimiento que terminará optando por el primer camino y se convertirá en partido político.

Ese camino que se bifurca, que parece no tener un rumbo cierto, se llama México. Un país donde según el INEGI el empobrecimiento es mayor y cada día se abre la brecha que separa ricos y pobres, un país que no ha definido si su respeto a los derechos humanos es constante o selectivo. Hoy lo que se juega en México, es la apuesta por la responsabilidad social. Por desafiar al statu quo y crear nuevos mecanismos de participación ciudadana, pero no desde las formas convencionales, sino desde plataformas horizontales con objetivos consensuados.

Veía con asombro, que los anulistas/ciudadanos intentan articular un movimiento legítimo para darle continuidad. El problema es que buscan, como lo apunté en el párrafo anterior, formas convencionales para hacerlo. No se han dado cuenta que, las razones que los llevaron a formar parte del movimiento, son absolutamente distintas en cada caso. Quizá el único punto vinculante es el del hartazgo hacia el sistema de partidos, pero ese hartazgo lo comparten también quienes se abstuvieron. Tampoco han querido reconocer que, la falta de oportunidad con que se organizan ahora, ha hecho que cierto grupo les atribuya la resucitación del muerto. Inferí, en una carta enviada a mis vecinos antes de la elección, que los ciudadanos apáticos, crean gobiernos autoritarios.

Sí, el movimiento anulacionista benefició al PRI. Los partidos que superan la barrera de 2% del total de votos depositados en las urnas, tienen derecho a que se les asignen diputados de representación proporcional. La Constitución establece una limitante: ningún partido puede tener una proporción de curules, en la Cámara, mayor que su votación nacional más ocho puntos porcentuales (cláusula de sobrerrepresentación). Sin el fenómeno del voto nulo, el PRI sólo hubiera tenido derecho a diputados de representación proporcional hasta alcanzar 225 curules en total, como consecuencia de esta cláusula. Los nulos se descuentan para asignar las diputaciones plurinominales. Por tanto, el PRI pasa, de una votación total de 36.9%, a una efectiva de 39.5%, de modo que su límite de curules se eleva de 225 a 237. Sin los anulacionistas, el eje PRI-PVEM se hubiere quedado a tres curules de la mayoría. Otra historia, sin duda.

Ese movimiento ha contribuido a la mayoría parlamentaria PRI-PVEM. En las plataformas de estos partidos no está la agenda que abanderó este movimiento. El voto en blanco no construyó mayoría en torno a esta agenda, pero sí una mayoría en blanco.

Por ello, en este camino bifurcado, propongo, seguir impulsando la organización ciudadana y su participación, pero cada quien desde nuestra óptica y perspectiva. Decían que no se necesitan voceros, pero no podemos perder el valor de tener plumas como la de Aguilar Camín o Denisse Dreser a favor del movimiento. Se debe continuar con la naturaleza de éste, la cancha virtual. Presionar desde la opinión pública, a esos partidos a los que el movimiento dió la espalda y que tomarán decisiones por las que pelearon, para que en sus agendas incluyan reformas trascendentes para salir de este laberinto.

Sobre el Autor

Editor en jefe

¡Sígueme en Twitter!