Nacimos para ser libres. Podemos escalar muy alto.
Steppenwolf.
Fue en el mes de junio del 2006. La recta final por la Presidencia de la República era reñida en todos los aspectos: Un Roberto Madrazo apuntalando milagrosamente en las encuestas más fiables de los medios (como en aquel maratón de Berlín) haciendo creer vanamente al PRI una posibilidad de posicionarse de nuevo en los ansiados Pinos. Un Felipe Calderón apoyado por la alta alcurnia empresarial de la Nación por todos los medios posibles, con un terrorismo masivo visual, sosteniendo la tesis del inolvidable “Peligro para la Nación” y apuntalando por medio del miedo a todos los votantes “no conocedores” de los términos izquierda y derecha. Vicente Fox dejando de ser Presidente de la República (que muy pocas veces fungió como tal) para transformarse en el máximo militante del partido oficialista PAN y apoyar con todos los medios posibles la campaña de Calderón y la anti campaña de Obrador. Un PRD con una propaganda burda y casi estúpida que no reflejó la actitud que debió sostener y tomar para bien la mala propaganda establecida por el sector conservador. Un IFE que vislumbraba para mal ofreciéndose soezmente al Estado. Una población con pavor e indecisa que aún no definía un voto o un futuro favorable.
Fue el dos de julio del 2006, la duda era inevitable: la inconsistencia del conteo rápido y las declaraciones de los candidatos antes de la media noche aceptándose como Presidentes hacía de la opinión general un barco lleno de zozobra, recibiendo apenas pequeños espasmos de lo inimaginable que sucedería en los meses siguientes. Al transcurrir los primeros días del mes de julio México estaba dividido. La opinión escindió completamente, bipolares las posturas como los colores que el IFE le daba a los Estados de la República, después de resoluciones absurdas y atendiendo el consejo de la maquinaria estatal. Con tristeza la izquierda ya percibía la discontinuidad en la balanza que los tribunales empujaban hacia un lugar.
En ese año, después de un visceral agosto y con la negativa a cuestas del conteo único por parte del Tribunal, la consumación del proyecto de la derecha mexicana y del PAN se concretó el día cinco de septiembre del 2006, atendiendo a la validez de la elección del IFE y la declaración de Presidente Electo a Felipe Calderón Hinojosa arrojando 15,000,284 (35.89%) votos y 14,756,350 (35.31%) para Andrés Manuel López Obrador, con una diferencia de 243,934 (0.58%) sufragios a favor del candidato del PAN
Era irremisible no dudar de ni acrecentar el peligro que la democracia mexicana sostenía a cuestas después de los polémicos resultados del dos de julio ante las resoluciones, arbitrarias e infundadas muchas de ellas, ante la mínima diferencia arrojada en los comicios Federales y después de las acciones ocupadas por ambos candidatos: El oficialista muy calmado, consiente y silente después de los escándalos del PAN, de sus integrantes y algunos propios; y el otro, desesperado y animoso para incendiar las buenas conciencias de los mexicanos que estuvimos de acuerdo con la oscuridad mantenida por el IFE en torno a los resultados.
Ese mismo año, el 20 de noviembre en el Zócalo de la Ciudad de México, Obrador se nombraba Presidente Legítimo y Calderón tomaba protesta en Diciembre en San Lázaro ante el cerco de seguridad más imponente que se hubiera creado: la democracia estaba secuestrada.

