
Los diputados en San Lázaro, decidieron no recibir a los integrantes de la Asamblea Nacional Ciudadana; es decir, quien dice representarnos, cancela toda posibilidad de hacerlo al cerrar ojos y oídos a quienes por obligación debieran representar; se les olvida que trabajan para el total de la ciudadanía.

Evidenciamos la falta de representación, todos han dicho apoyar alguna de nuestras causas, pero en los hechos cierran las puertas a quienes exigimos: más transparencia, rendición de cuentas, menos dinero a los partidos, candidaturas ciudadanas, medios de democracia directa. Sin embargo reciben a contigentes transportistas o del magisterio; gran diferencia: a ellos se les puedo comprar.

Las sesiones a puerta cerrada y las leyes que de ellas emanen, no tienen ninguna legitimidad, no representan más que los intereses de aquellos que las elaboran. Mientras hay millones de pobres más, un estallido social evidente, tras las barreras de hierro, tratan de dirigir el país de la fantasía. ¡Lástima por los diputados!
