Las redes sociales representan el medio de comunicación más efectivo, directo, económico, ecológico y potente en la transmisión de información instantánea, así como la utopía democrática del mundo en una síntesis plausible y casi desmedida en la utilización de su fin en cualquier caso. Políticos, escritores, actores sociales, vagabundos, desempleados y cualquier estereotipo de persona las utiliza para diferentes movilidades. Al igual que yo, y que muchos otros usuarios de twitter, el ciberespacio funciona en diferentes gamas para ofrecer toda oferta y pensamiento, y en días pasados, el tema ad hoc y con mayor impacto en mi cuenta, fue el premio Nobel en todas sus disciplinas.
A propósito del Nobel y de las redes sociales, me sorprendió mucho un tweet de Vicente Fox, felicitando al nuevo Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, sumándolo a su “lista” personal de galardonados junto a Paz y Borges. Cabe mencionar que el ex mandatario de México, aunando a su gran lista de errores garrafales y desfachateces, en menos de un renglón haya podido equivocarse dos veces: Inventándole un premio a Borges, jamás laureado por la Academia Sueca; y en otro, solamente mencionando a un Nobel dentro de la actual lista: Mistral, Neruda, Asturias, Márquez, Paz y Llosa.
Vicente Fox reitera su legado y herencia al pueblo de México, constatando que es un gran ejemplo de la ironía que no debe seguirse para los jóvenes de nuestra nación. Su compromiso, ayer hoy y siempre consistirá en hacer valer perpetuamente su condición de bufón en la historia, maquilando para sí la eterna nota en lo referente a información burda.
Regresando al tema del Nobel, llama mi atención la entrega literaria al escritor ya mencionado, Mario Vargas Llosa, cuya justificación de la Academia Sueca es por “su cartografía sobre las estructuras del poder y por sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la rebelión y la derrota”. Personalmente, no comparto en Vargas Llosa una encomiable labor literaria para hacerlo merecedor al galardón, pero si un reconocimiento a la región latinoamericana en sus letras en conjunto. La “reivindicación” mencionada por Enrique Krauze hacia las letras latinas y la Academia Sueca, me parece atinada en su sentido estricto; sin embargo, encaminada a Vargas Llosa, entiendo un sentido más político que literario en las causas de la derecha en el continente. Autores como José Emilio Pacheco o Carlos Fuentes, difícilmente podrán aspirar a ser galardonados por la Academia Sueca, y no se diga de otros grandes escritores de nuestra región.
El espíritu del Premio Nobel siempre se ha caracterizado por tener una visión un tanto política del mapa mundial. Cuestión de perspectivas, el actual Premio Nobel de la Paz, entregado a un chino disidente de ese Gobierno, es también una muestra de lo mencionado: la alineación del occidente en un tradicional intento de desestabilización en contra de regímenes contrarios a nuestro pensamiento.
