70 años del PAN

Hace unos días el Partido Acción Nacional festejó 70 años de vida. Fue sin duda un festejo distinto al de otros años donde todo era fiesta, hoy: austeridad y autocrítica. Un partido que vive una dualidad, por un lado es el partido en el poder y por el otro es el partido que acaba de pasar una elección con pocos resultados positivos y militantes decepcionados. Por ello la renuncia de Germán Martínez a la dirigencia nacional y la comisión de reflexión del proceso electoral de 2009.
Dicha comisión llegó a conclusiones fundamentales: el partido había perdido por una falta de propuesta nacional, una fallida estrategia de comunicación, la centralización del discurso, una mala y antidemocrática elección de candidatos, además de la falta de operación política en los estados. El análisis encabezado por José Luis Coindreau no es menor y debe dar pauta al PAN para las elecciones de 2010  y la presidencial de 2012.

Aunado a lo anterior, los efectos de la crisis mundial en la sociedad, las voces que hablan de un estallido social, partidos políticos que no entienden la realidad social y ciudadanos que no nos sentimos representados por ellos, agregan elementos de alta complejidad. El PAN y todo el sistema de partidos en México tiene ante sí un enorme reto: renovarse o morir.

Lo primero que deberá hacer es trabajar arduamente sobre los errores detectados y las carencias evidenciadas. Una de las primeras acciones que garanticen eso, será el reestablecimiento de mecanismos democráticos en la elección de sus candidatos. Lo segundo será establecer una agenda verosímil, plausible y moderna acorde con los principios del partido; hasta hoy, tras 9 años de gobierno federal parece que se vive en la ficción.

El PAN llega a sus 70 años como el PRI cuando los cumplió: desgastado. Al reconocer sus errores, abre la posibilidad de volver a ser el partido de ciudadanos que impulsó los grandes cambios democráticos en el país. Un partido que deseche viejas prácticas heredadas y construya a través de su estandarte democrático políticas públicas sensibles, acordes a la realidad de este país desigual y culturalmente atrasado.

Más allá de las próximas elecciones, el PAN debe estar pensando en el futuro del partido y en el legado para la próxima generación. Tendría que preocuparse por formar nuevos cuadros políticos en vez de seguir alimentando a esta generación política que no ha sabido estar a la altura de lo que México necesita. Pero ya lo dijo el fundador del PAN, Don Manuel Gómez Morín: “Que nadie se ilusione para que no haya desilusionados”.

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