2010, un año parricida y transparente.

El año que perece se va entre muchos acontecimientos favorables y desfavorables a nivel internacional y nacional, marcado definitivamente por un catalizador de información que inicia una nueva época de cambios inevitables en las estructuras políticas, sociales y económicas, en los círculos ponderados donde se toman las decisiones que afectan directamente la vida de los ciudadanos del orbe y del país.

Y es nuestro país, en mi forma de ver, soslayado por tres acontecimientos importantes: Los festejos del Bicentenario y Centenario de la Independencia y la Revolución; la victoria del PRI en varios Estados de la República cuya ascendencia le era totalmente contraria y su derrota en otros cuyos bastiones le eran visiblemente imperdibles; y la continuidad de la guerra de Calderón contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Todos, invariablemente vistos políticamente y a grosso modo.

Para el primero, en la algarabía de la mexicanidad, obedeciendo el carácter de nuestra nación, figura en mí  un festejo algo triste culturalmente hablando, sin los alcances y repercusiones que debieron sostenerse a lo largo del presente año. Aunando, la poca importancia que el centenario de la Revolución tuvo en el país, quizá por la filiación política del partido actual en el poder federal, no se reconoció cabalmente los aportes que dicha insurgencia le otorgaron a México, sin cuya intervención la historia contemporánea hubiese cambiado rotundamente obedeciendo los fueros que al día de hoy, sus detractores, han ido conquistando paulatinamente en diez años.

El segundo, en la victoria y derrota del PRI en su ascenso por Los Pinos, tengo la firme convicción de que el alcance político de dicho partido hubiera creado una estrategia política mucho más agresiva en lo que a la oposición corresponde, en ejes sociales y económicos. Misma, que aún no se refleja contundente quizá por la corta estancia de los nuevos cuadros en el poder, lo cual, también no tiene excusa dada la premura en la situación que impera.

El tercero, la guerra de Calderón, esa que mediáticamente avanza y retrocede, no ha fructificado más que en un lento temor que pulula en todo el territorio y que encrudece las bajas de mexicanos, en ambos bandos, sin hallar aún, con capacidad del Gobierno, un paradigma que favorezca a la población, descontando la cavernícola idea de solución mediante los golpes. Si bien, la historia cíclica que se presumía levantaría un movimiento armado en el presente año, es una promesa futurista que los años le darán cuantía a la guerra calderonista, guerra civil, que ni las grescas insurgentes y revolucionarias tuvieron en su alcance como la presente que comenzó hace tiempo y se erguió fatal en 2010.

En el panorama internacional, el acontecimiento que personalmente marca al 2010, es la filtración de documentos clasificados por medio de WikiLeaks en la red. Y es que, en el medio donde la democracia tiene la amplitud más perfectible que jamás se haya creado, la transparencia se confirma como una herramienta para evitar el abuso del poder y de sus vicios, haciendo de cualquier habitante del planeta una voz que puede exigir a sus Gobiernos la verdad y a los de otros la no intervención en asuntos interiores.

Esa filtración es un hito que ya cobra la venganza del imperio, y que seguramente dará seguridad y valentía a quienes pueden develar la torcida política que los Estados Unidos han ido llevando como policías del mundo a lo largo y ancho del planeta.

Adiós al 2010, el violento y transparente. Se nos viene un 2011 que, como viene según la profecía, es la antesala al fin del mundo. El hombre dirá. ¡Feliz año!.

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