20 años sin telón de acero

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Es evidente que no podría hablar de un recuerdo vívido dado que por la edad que tenía es probable que hubiese estado jugando con mis juguetes favoritos. Lo cierto es que por la naturaleza de mi familia (en la defensa de la República española en la guerra civil de los 30) ahora sé que lo tomaron como un gran acontecimiento.

Con las ideologías diluidas, mi generación tiene pocos referentes de esa época, acaso el vetusto régimen cubano. En nuestro país el debate ideológico se reduce al pragmatismo de la negociación política. En América Latina no es distinto: un obispo que es presidente, una democracia dictatorial que pacta con empresarios, el imperio carioca y su pragmatismo.

Entre todo ello, dado que sólo conocemos tiempos de crisis, mi generación está consciente de un muro más fuerte que el hormigón: el de la desigualdad. Atrás quedó la dictadura perfecta del partido hegemónico o los golpes de Estado y gobiernos militares en sudamérica. Latinoamérica se ha maquillado de democracia en el siglo XXI.

Veamos, de la población total de América Latina 36.5% vive en pobreza y 13.4% en pobreza extrema (CEPAL 2006), sabemos por ejemplo como lo ha dicho el Presidente Calderón que 20 millones de mexicanos viven en condiciones de pobreza extrema. Otro dato, el coeficiente de Gini que mide los niveles de desigualdad entre las sociedades, revela que en esta región se encuentran contrastes superiores a los de África subsahariana.

Aunado a estas cifras, mi generación ha logrado como ninguna otra presenciar el ascenso (en este contexto) de las fortunas de supercapitalistas como Carlos Slim en México o Gustavo Cisneros en Venezuela. Los datos anteriores dan forma a un muro que resulta hoy indestructible.

Tras su caída el 9 de Noviembre de 1989, el mundo celebraba el establecimiento de la “era de la democracia”. En esta parte del mundo sólo se entendió en su acepción electoral y no como un sistema de vida tendiente a proteger lo derechos civiles de manera efectiva acompañado de un orden jurídico capaz de asegurar el acceso igualitario al bienestar.

Nos encontramos en un mundo de extremos: aquellos que gracias al ineficiente sitema poli-económico-jurídico les ha permitido la acumulación de capital viven al interior de esferas democráticas, el resto de la población en democracias parciales (acaso la electoral) o de plano inexistentes. Esos grupos sociales -y su mundo- resultan hoy extranjeros entre sí. Unos viven como ciudadanos del primer mundo, los otros desprovistos de los derechos más elementales.

La igualdad da independencia y libertad. En el fondo las corrientes ideológicas que dominaron el siglo pasado buscaban lo mismo; sin embargo, los resultados han sido diversos. Lo cierto es que la desigualdad en nuestro país cancela el concepto de democracia y lleva a los individuos a una férrea dependencia (los pobres de los ricos) y esto conduce a algunos sectores a preferir una sociedad autoritaria y a desconfiar de la sociedad política.

¿El regreso de los muros? ante la desilusión del sistema de estos 20 años, no parecería descabellado. Los propios sistemas estatales lo han hecho de manera virtual: el firewall de China o Cuba o la proposición del ACTA son claros ejemplos. También lo son el regreso de carismáticos líderes tendientes a salvar sus naciones. Esta desigualdad pues, cancela la posibilidad de tener instituciones libres.

Al muro de la desigualdad, se le ponen más piedras, concreto y acero cuando la iglesia católica, medios y empresarios son los que toman decisiones fundamentales en la vida pública. Al muro de la desigualdad se le ponen varillas cuando los partidos políticos siguen siendo un opaco negocio. Ese muro que divide a la sociedad se ve fortalecido cuando la corrupción es avalada como necesaria.

20 años y una generación después vemos a nuestra clase política hablando como si la guerra fría estuviera de moda. Un desencuentro total entre quienes dirigen el país y los ciudadanos que habitamos en él. Vale la pena con este aniversario si merece seguir discutiendo las diferencias -cada vez más difusas- entre la derecha y la izquierda o si resulta más productivo discutir un proyecto de país desde el entorno de la igualdad.

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  1. BRAVO.

    La desigualdad es y será el tema de nuestra generación. Chistoso, el medio mismo que empleamos para discutir la temática habla de una disparidad en la asignación de las oportunidades.

    La mayoría de los que transitamos por Crítica Pura tuvimos una educación universitaria, nos vinculamos a la esfera pública como producto de la oportunidad, no nos faltan tantas cosas que podemos discutir de ideologías, o de falta de.

    En verdad es un gran post mi estimado, y abanderando causas, trasciendamos (sic) la coyuntura y empecemos a ver como chingados le haremos para disminuir la brecha entre ricos y pobres. Entre políticos y ciudadanos.

    Saludos.

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