Sorpresiva resulta la renuncia del actual Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a su filiación del Partido Acción Nacional durante la semana que termina. Por tanto, las razones emitidas por el Secretario, consideran supuestos un tanto razonables a las situaciones políticas del momento.
Fernando Gómez Mont, como principal figura al interior del gabinete presidencial, está obligado a presentar una imagen ecuánime, diplomática, frontal de ser necesario y de apertura en negociaciones; mismas que, desde el comienzo de su gestión, ha enlazado con la oposición en las cámaras, obteniendo resultados inesperados en los consensos con las diferentes fuerzas del país. Del gabinete, puede decirse que Gómez Mont es el personaje más capaz en el equipo de trabajo de Calderón.
Ahora bien, resulta comprensiva la renuncia ante las tempestivas relaciones con la dirigencia nacional del PAN encabezada por César Nava. Congruente para con las negociaciones en reformas federales propuestas hacia el PRI, el Secretario muestra un gesto inequívoco de increpancia con su propio partido para mantener en buen tenor relaciones políticas propicias a la mayoría dentro del Congreso.
Aunque en fin, las suposiciones que lo rodean, son fuente para muchos cuestionamientos en lo “políticamente correcto”.
Con un abolengo blanquiazul y larga trayectoria como abogado litigante, Gómez Mont sugiere un acto peyorativo a la cúpula panista en las inminentes alianzas venideras, teniendo para él una actitud parecida al armisticio con el PRI en las volubles relaciones para el proyecto político del jefe del ejecutivo.
Sin más, me parece que el efecto causado por Gómez Mont demuestra dignidad y palabra en las negociaciones que, en definitiva, cambiarán negativamente en un futuro hacia el PAN y favorablemente al secretario como portavoz de un Gobierno Federal que demuestra, exponencialmente, doble cara y escasa voluntad para emprender diálogos con la fracción priísta en el Congreso.
