¿Quién es el Jefe de Jefes?

Solamente faltaba la censura. En un Estado despótico es indispensable para fortalecer al gobierno en prerrogativas extraordinarias, para erradicar la crítica y los diversos postulados de la opinión pública.

Esta vez, les tocó a los Tigres del Norte. La emblemática agrupación, polémica por sus narcocorridos y por los estigmas de esa índole que pregonan en sus letras. Una canción, socialmente proactiva, dolorosa, fábula real, desesperada; asume la posición de un pueblo gastado, cansado, hastiado.

El tema musical “La granja”, es por mucho la representación actual de México, con metáforas tangibles e imágenes explícitas sobre los impuestos, los políticos, la corrupción, la inseguridad, el narcotráfico, hacienda y la política exterior de los Estados Unidos. Incómodamente incorrecta con el feeling y el sentimiento de la vox populi, “La granja” viene a heredar un nicho dentro del género musical; viene a convertirse, indiscutiblemente, en la arraigada protesta de los que no tienen voz. A la canción se le martirizó tan instantáneamente, que no necesitará de más promoción para propagarse, imposible de detener hasta por la censura.

Anecdóticamente, dentro de mi cuenta de Facebook, al subir el video para compartirlo con los amigos, automáticamente dejó de reproducirse por petición de algún usuario. Con otros dos conocidos, igualmente, fue imposible reproducirlo mostrando el mismo mensaje. La conspiración y el complot por parte del Gobierno de Calderón se apuntalan más allá de la trillada práctica pejista y, aprendidas minuciosa, disciplinada y deliberadamente las mañas y el perfeccionamiento del modus operandi del dinosaurio, el pensamiento mocho del panismo en Gobierno, estriba en el más puro fascismo latinoamericano del siglo anterior.

Vaya a bien de la República alguna absurda explicación de la SEGOB para conciliar a las partes. Pues, definidamente, es un insulto para los exponentes del género y para los amantes de ese tipo de música la simpleza con la que se actuó para tratar de ocultar, de soslayar, aquello que todos sabemos que existe y pocos se atreven a nombrarlo.

Quieren privatizar todo, venderlo todo, aumentar impuestos, robar las esperanzas y ahora ¿también la música? Ojalá que no cause inseguridad el escuchar la música preferida por alguien, no vaya a ser que por escuchar a los Tigres me convierta en narco…

La granja.

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