
Ahí los resultados, terminaron los recuentos en los 300 distritos electorales del país. Y estamos en vísperas de una crisis política mayúscula. Existe un congreso sin respaldo ciudadano y sus decisiones afectarán a toda la población. El Congreso y concretamente la cámara de diputados, es el órgano del Estado donde estamos representados los ciudadanos, para desde ahí, influir en la toma de decisiones del país.
Este déficit democrático ante la falta de representatividad, debió alertar a los partidos políticos desde hace nueve años a reformas que permitieran nuevas formas de participación democrática: el plebiscito, el referendum, las candidaturas independientes, la iniciativa ciudadana. Sin embargo se tomó la decisión contraria, porque dichos mecanismos -a decir de sus detractores-, podrían poner en riesgo nuestra incipiente democracia.
Veamos los números; el padrón electoral se conforma aproximadamente de 77 millones de electores, quienes saben, dicen que por lo menos 7 millones de ese padrón son: muertos, artistas, tu gato, mi perro. Así que tomemos la base electoral sobre los 70 millones. En esta elección, en lo global, el congreso tiene un respaldo de menos del 40%, dado que estamos descontando el 5.57% que voto nulo o por candidatos no registrados. Y si ese raquítico respaldo lo segmentamos por partidos, es una franca minoría la que decidió la conformación de la cámara.
Esa casa no debería ser habitable. El PRI junto con alianza del PVEM, conforman la “mayoría absoluta”, pero esa mayoría no tiene el respaldo ciudadano, tomarán decisiones con sus atribuciones legales pero no gozarán de legitimidad. De no hacerse reformas estructurales sin chantajes ni prebendas, estaremos en la antesala de una inminente crisis política, que aunada a la internacional crisis económica, son ingredientes no deseables para el futuro de México.
A la luz de los resultados es cierto que la composición de la Cámara no tiene rasgos ciudadanos. Sin embargo, falta ver que esta situación se nutre del desinterés y la apatia de la población. ¿Cómo es posible que ante el movimiento anulista surgieran voces que anunciaban el predominio de las estructuras y la contienda en términos de capacidad de movilización y todos siguieramos como si nada?
Call me burocrata, pero si creo que el camino es de ida y vuelta, y me gustaría ver de que manera las reformas estructurales sacarían a participar a una población a la que le vale la esfera pública.
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