El llamado Estado de servicios (o como se le quiera llamar: Estado de bienestar, desarrollador, social, keynesiano, etc.) tuvo una estruendosa crisis entre los años setenta y ochenta. El excesivo crecimiento de la burocracia, el empoderamiento de los sindicatos, el atenimiento de los ciudadanos a las prebendas gubernamentales y la pavorosa indisciplina hacendaria, dieron por resultado terribles crisis económicas en numerosos países que terminaron por socavar aquel modelo de desarrollo. Triunfalista, el neoliberalismo se instauró en la mayoría de los países -includo el nuestro- en donde había fracaso el Estado de bienestar. El discurso de las “finanzas públicas sanas”, ése que se fincaba y aún se finca en no gastar lo que no hay y, así, mantener contenido el riesgo de crisis, fue una de las piedras de toque del recién llegado modelo en contraposición a la “irresponsabilidad” del esquema anterior.
Ayer, en el marco del foro “La evolución de la crisis económica y las medidas emergentes para enfrentarla que deben considerarse en la agenda legislativa” (escueto el título), el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, habló de un “histórico boquete fiscal” por más de 300 mil mdp en el presupuesto de 2010 derivado de la cada vez menor producción de barriles de petróleo y de la caída en el precio del crudo. Asimismo, previó bajas en los ingresos tributarios del gobierno que redundarían en un presupuesto austero, cuya estabilidad dependería de la implementación de nuevos impuestos y de incurrir en déficit fiscal. De esta manera, caía uno de los argumentos más sólidos para sostener la superioridad de neoliberalismo ante los los modelos desarrollistas: la disciplina hacendaria.
Así, queda claro que el neoliberalismo mexicano ya no es bueno ni para la disciplina fiscal (por las razones que se aduzcan), que otrora era su tema de especialidad. Esto se suma a la larga lista de sus fatídicas consecuencias: dos crisis económicas severísimas en 26 años, incremento sensible en la pobreza (sobre todo en la extrema), pérdida en el poder adquisitivo de quienes perciben el salario mínimo, beneficios impresionantes para cúpulas monopolistas, empleos precarios (y eso cuando efectivamente son generados) en beneficio de empresas trasnacionales que además reciben subsidios exorbitantes, aniquilación progresiva del campo mexicano, estrangulamiento de las industrias tradicionales y un crecimiento anual promedio del PIB per cápita de .6% (cifra de José Luis Calva). ‘tá canijo, ¿no?
El desquebrajamiento de una de las puntas de lanza del neoliberalismo -la sanidad de las finanzas públicas- se suma a esta larguísima lista de fracasos económicos, ¿no es acaso momento para pensar en otro modelo de desarrollo, como decía José Narro en el mismo foro en el que estuvo Carstens? México ya no está para maquilladas y no vale decir que los tecnócratas la “han regado” a veces (26 años de mediocridad no entra en mi concepto de “a veces”) ni la solución consiste en aplicar un impuesto por acá o promover la competitividad por allá. Se precisa de medidas contundentes para enfrentar el fracaso rotundo del ya largo y doloroso experimento neoliberal mexicano. De maquilladas, ya estuvo bueno.
El Estado tiene que reasumir la rectoría en el desarrollo del País -tal como se lo ordena el texto constitucional en su artículo 25. Y deberá hacerlo superando el paternalismo, la ineficiencia, la indisciplina fical, el endeudamiento y la burocratización del Estado de servicios, y superando también el monopolismo, la indiferencia ante la marginación y la pobreza, la mediocridad en el incremento del PIB, la liberalización extrema y la globalización desbalanceada del modelo neoliberal. Esto podrá ocurrir si y sólo si (¡oh dolor, qué difícil!) Calderón, Carstens y su camarilla dejan el pensamiento ideológico, ése que -según Sartori- se basa en una pasión desenfrenada y en una radicalizada cerrazón de mente, y escuchan la realidad: su modelito se cayó desde hace mucho y millones de excluidos esperan uno nuevo.

Germán, con el afán de una CriticaPura me gustaría hacer un par de observaciones.
Una de forma y otra de fondo. La de forma tiene que ver con el mal hábito de incluir cifras que abonen al argumento sin que se dé pie a las que -en la mayoría de las ocasiones- podrían definir un contraargumento. Depende del periodo que establezcas podrás encontrar bonanza o no. Númericamente hablando.
Esto da pie al argumento de fondo. Si bien es cierto que la higiene hacendaria es bastión del pensamiento neoliberal, ¿qué es lo que te molesta de ésta? en tu artículo no lo estableces y únicamente atacas la “mediocridad” de nuestro país. Infiero de tu texto que no estas de acuerdo con el modelo del Wellfare State ni con el modelo Neoliberal. ¿Dónde estas parado? y más aún, de qué manera esperas que un estado con una recaudación tan baja como la nuestra, culpa no del estado sino de nuestro entrañable gusto por hacer pendejo al prójimo, el gobierno pueda aplicar políticas redistributivas para todos esos millones de excluidos.
Escucho.
Colega:
Creo que en esta ocasión coincidiré con el usuario Marcelo. Últimamente han salido a la luz “opinólogos” que insisten con reinventar a México sin más argumento que esa vaguedad. Efectivamente nuestra economía (como todas) ha resentido la crisis mundial. Como lo expliqué en el post “reorte hacendario” hubo medidas que pdieron sortear el 2009 y el próximo año, se tendrá que hacer una limpieza más profunda. Muy facil satanizar a “calderón y su camarilla” y obviar algo inminente: las últimas tres legislaturas han negociado con los paquetes económicos con base en sus intereses y generalmente las propuestas del ejecutivo distan de ser las que pasan. ¿Qué responsabilidad les imputas? al parecer ninguna. El artículo 25 constitucional se refiere a la recotría económica del ESTADO y el estado comprende los tres órganos de poder, cosa distinta sería la “recotría económica del ejecutivo”. Ya lo decía y lo reitero, si los ciudadanos no aportamos lo que nos toca, si no pagamos ningún tipo de impuesto, si los municipios no tienen estrategias recaudadoras: neoliberalismo o no, calderón o amlo, no exite estado en el mundo que saque dinero “de las piedras”.
Compañeros:
Respondo y lo hago en el orden de sus comentarios.
Respecto a lo que señalas, Marcelo, acerca de la incorrecta exclusión de cifras que podrían contravenir mis argumentos, no comparto tu punto de vista. En primer sitio, hay limitantes espaciales y temporales que me impiden hablar de todas las cifras existentes asociadas al desarrollo nacional. Por ende, me limité a una (hablas incorrectamente sobre mi “mal hábito de incluir cifras que abonen al argumento”, cuando sólo incluí una) que concentra nuestro crecimiento económico del ’82 al 2005(es decir, sin considerar la debacle de este año). Sobre esto, apuntas que “Depende del periodo que establezcas podrás encontrar bonanza o no. Númericamente hablando”. Más allá de esa obviedad absoluta, yo me centré en la cifra relevante en función de lo que quería decir: cuánto ha crecido México, en promedio por habitante, desde los inicios del modelo neoliberal. Más allá de periodos de bonanza o no, las tasas medias de crecimiento anual del PIB (que fue precisamente la que utilicé) son una abstracción de todo el periodo analizado.
¿Que si no creo en la disciplina fiscal? Claro, y la asumo como una herramienta de cuño neoliberal pero que debe valorarse en cualquier modelo. Lo único que digo es que incluso una de las mejores armas neoliberales -la disciplina hacendaria- está fracasando, ¿no es esto ya el extremo?, ¿acaso no es obvio que el modelo está superado, cuando menos en México?…Me cuestiones también desde dónde estoy parado. Creo que queda establecido en el artículo suficientemente bien, pero si se precisan mayores referencias, recomiendo, sobre todo, Giddens (“Más allá de la izquierda y la derecha” y “La tercera vía. La renovación de la socialdemoccracia”) y Aguilar (“Gobernanza y gestión pública”). Un Estado promotor del desarrollo nacional a partir de la gobernanza compartida con mercado y sociedad; un Estado proactivo en controlar a quienes afecten a la colectividad en su conjunto, liberal jurídicamente y promotor de la solidaridad comunitaria…Tu diagnóstico sobre la baja recaudación (que, según dices, parte “de nuestro entrañable gusto por hacer pendejo al prójimo”), creo que sólo acierta en señalar que es “baja” pero no tiene ni la más mínima función explicativa y sólo llama la atención por pobre y lo altisonante, lo cual lo considero de mucho peor gusto que la presunta falta de cifras en mi texto.
Antonio: sobre lo que tú comentas, parto de señalar en lo que estoy de acuerdo. A partir de “Ya lo decía y lo reitero…”, firmo enteramente tu punto. De ahí para atrás, disiento. Considero que señalar que algunos “‘opinólogos’ (…) insisten en reinventar a México sin más argumento que esa vaguedad” resulta, además de vago y pobrísimo sintácticamente, un reduccionismo terrible en el que ni siquiera me detendré. De acuerdo en el tema de que el problema no está sólo en Calderón; detecto que el problema está en no haber precisado el término “camarilla”. Por camarilla entiendo ahí -y de modo muy general- a casi todos los tecnócratas neoliberales mexicanos, vengan del partido que vengan: Gil Díaz, Carstens, Werner, Zedillo, Salinas, Serra, Gurría, Katz, Fernández, Blanco y un larguísimo etcétera. Cuando tratas de rebatir mi mala comprensión de lo que es “Estado”, tratas infuctiferamente de reducir a pocas líneas un tema complejo. Según sea lea el concepto desde Maquiavelo, desde Monstequieu, desde Gramsci o desde quien quieras, encontraremos diferentes definiciones de Estado. La Constitución no lo entiende como “tres órganos de poder” (que, de hecho, son diversos órganos dividos tres poderes…Hay que ser cuidadosos, Antonio), sino como (cita del artículo 3°): “federación, estados, Distrito Federal y municipios”. De todos ellos y claro que de nosotros (que entraríamos en el concepto de Estado de Montesquieu y de Estado en el sentido amplio de Gramsci) también es la culpa.
Invitándoles a que las críticas no sólo sean puras sino también cuidadas, fundamentadas y reflexionadas, les agradece,
German.
Germán.
Agradezco que te hayas tomado el tiempo para leer y responder puntualmente el comentario.
Ahora seré breve para motivar la discusión:
“Un Estado promotor del desarrollo nacional a partir de la gobernanza compartida con mercado y sociedad; un Estado proactivo en controlar a quienes afecten a la colectividad en su conjunto, liberal jurídicamente y promotor de la solidaridad comunitaria…”
Te recomiendo que dejes de leer sobre socialdemocracia y veas como están las cosas en México. Cómo está la distribución del poder entre los legales y los fácticos, entre gobierno y oposición. El párrafo que parafraseo me encanta. Simplemente no creo que sea una cuestión de espacio, creo que tu artículo es quejarse por quejarse.